80 - L Allegro - Junio 2013

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80 - L Allegro - Junio

Psicofarmacología 13:80, Junio 2013 Ética Prof. Dr. Luis Allegro Presidente de Honor de la Sociedad de Ética en Medicina, AMA. Miembro del Consejo Académico de Ética en Medicina, Academia Nacional de Medicina. Ex Profesor Titular de Psicopatología y Psiquiatría, Universidad de Rosario. Full Member of the International Psychoanalytic Association. Los comportamientos éticos producen cambios estructurales que pueden llegar a ser profundos Una fuerte prueba de ética: la renuncia del Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger Ha ocurrido un acontecimiento que no se producía desde hace seis siglos en la Iglesia Católica Apostólica Romana, y en el mundo. Esto califica al acontecimiento como un hecho históricamente extraordinario y de una importancia fundamental. Digo fundamental porque es “fundante” de un comportamiento ético que, seguramente, tendrá trascendencia histórica. Benedicto XVI, dejó el Pontificado el 28 de febrero. No es el primer papa que renuncia en la historia de la Iglesia Católica, el último fue Gregorio XII (1406-1415) en el siglo XV. Horas después del anuncio de la dimisión del papa Benedicto XVI, un rayo alcanzó la cúpula de la basílica de San Pedro, en el Vaticano. Muchas son las circunstancias que envolvieron en el misterio al fenómeno atmosférico que la protagoniza, lo que puede contribuir a que quede incluida en los anales de un día ya histórico para el pequeño Estado Vaticano. El diario La Nación publicó en su edición del sábado 16 de febrero de 2013 una editorial titulada: “Benedicto XVI: cuando la renuncia marca una virtud”, agregando “La dimisión del Papa debe ser interpretada como una inteligente visión de la historia y una humilde aceptación de los límites humanos”. Podemos analizar esto desde distintos ángulos. Desde el punto de vista ético, si entendemos a la Ética como disciplina que estudia el comportamiento humano en el sentido del desarrollo de “lo bueno”, podemos decir que la renuncia de Benedicto XVI surge en virtud de como él mismo expresa: “las fuerzas no me dan”, y se entiende que es especialmente frente al fuerte conflicto por el que está pasando la Iglesia. Esto significa, tomar conciencia -o sea tomar un buen conocimiento- de la realidad en la que se encuentra inmerso en este momento de su papado. También significa, tomar conciencia del grado de responsabilidad al respecto. Y también tomar un claro conocimiento de sus limitaciones personales –especialmente físicas– para enfrentar la conducción de la gravedad del problema y poder llevarla a soluciones razonablemente satisfactorias. Desde el punto de vista espiritual, significa tomar conciencia de la suma importancia del compromiso personalmente adquirido al asumir el cargo de Papa, o sea del jefe de la Iglesia Católica que convoca nada menos que 1.168 millones de fieles católicos en el mundo (según cifras del Vaticano). Y este compromiso implica la conducción espiritual responsable de principios religiosos y morales de una iglesia que tiene una historia de por lo menos 2000 años. Considerándolo evaluativamente se puede decir que “es una carga muy pesada”. Desde el punto de vista psíquico, significa tener que enfrentarse con sentimientos y emociones muy profundas que tocan mucho a lo que podríamos decir sintéticamente, es “la necesidad de superación”, que es una poderosa fuente de búsqueda de progreso, desarrollo, evolución, mejoramiento, etc. y que requiere la necesidad imperiosa de enfrentar y resolver los problemas encontrados en el curso del desenvolvimiento de su misión pastoral. Una “fuerte” prueba de ética La renuncia de Benedicto XVI aparece en un momento en el que la Iglesia Católica está pasando por una crisis. “Crisis” significa cambio. La renuncia del Papa aparece en medio de una crisis institucional. Toda crisis produce una movilización de los estratos más profundos de una institución, especialmente de aquellos que se han mantenido inmovilizados durante mucho tiempo. En la Iglesia Católica hacía 6 siglos que no ocurría una renuncia papal. Esto hace suponer que la renuncia de Benedicto XVI posee un poder de cambio de estructuras y comportamientos que –supuestamente– se han mantenido inmovilizados institucionalmente durante 6 siglos. No sería una extravagancia pensar que Joseph Ratzinger debe haber captado consciente o inconscientemente todo esto, junto con la magnitud de su significado. Estas consideraciones nos permiten inferir que la renuncia a este papado implica una fuerza ética formidable. Un comportamiento ético produce un efecto beneficioso. Eso es de esperar. Primeros indicios del cambio ético: el Papa Francisco rompe con el protocolo Veamos algunas publicaciones de nuestro país www.eluniversal.com La llegada del Papa Francisco al Vaticano ha traído aires nuevos a la Iglesia Católica. En sólo unos días, la naturalidad y el humor del pontífice argentino, ha seducido a la prensa y a la opinión pública con su carisma. “Es muy natural y se comporta igual en público que en privado”, explica el vaticanista, Marco Polito, autor del libro Joseph Ratzinger. “Benedicto XVI también era irónico y tenía humor en privado, pero en público siempre se mostró muy rígido. Hay un contraste entre los dos papas: Josep Ratzinger solo improvisaba durante sus brillantes meditaciones teológicas pero su timidez le llevaba a seguir el protocolo al pie de la letra; todo lo contrario que Jorge Bergoglio quien, desde su primera aparición pública se ha saltado el guión, dejando en el olvido la rigidez de sus predecesores” www.telemundoareadelabahia.com El nuevo Papa Francisco sigue marcando diferencias con gestos humanos que se alejan del protocolo y rompen con la tradición. Ayer, el Papa sorprendió a los guardias suizos que protegen el Vaticano, cuando le acercó una silla a uno de ellos y le llevó un sándwich, disconforme con la idea de que el hombre haya estado de pie toda la noche. Recientemente, cuando el Sumo Pontífice salió de su departamento en la residencia Santa Marta –donde decidió quedarse a vivir al menos temporalmente en lugar de mudarse al departamento papal– se encontró con un guardia suizo custodiando la puerta. El argentino Jorge Bergoglio le preguntó si había estado despierto toda la noche y recibió un sí como respuesta. "¿De pie? –indagó el Papa– ¿No se ha cansado?" "Es mi deber, Su Santidad, por su seguridad", le respondió, intimidado, el guardia. Ante esta situación, el Sumo Pontífice regresó a su departamento. Minutos más tarde volvió, cargando una silla, que depositó donde estaba su interlocutor. "Al menos siéntese y descanse", le pidió Francisco, despertando una fuerte sorpresa en el guardia, quien rechazó la oferta, porque "las reglas no lo permiten". "¿Las reglas?", preguntó el Papa. "Sí. Mi capitán, Su Santidad". A lo que Francisco respondió: "Bueno, pero yo soy el Papa y le pido que se siente". EDITORIAL SCIENS // 7

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