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Psiquiatría 27

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Revista Latinoamericana de Psiquiatría.

Psiquiatría 7:27, Septiembre 2014 cedimiento del modelo de las ciencias matemáticas, que para la época de Descartes ya habían probado su utilidad en el campo de la física y la astronomía. En efecto, Galileo había postulado la idea de que la naturaleza era un libro escrito en caracteres matemáticos. Aquí las matemáticas son el modo esencial en el cual la ciencia se desarrolla y se escribe, el modo en el cual la naturaleza es comprendida. Se trata de una verdadera reducción de lo real a sus determinaciones formales – movimiento que en Kant se manifiesta como una identificación entre la estructura formal del fenómeno, el conocimiento geométrico y la sensibilidad. Para decirlo rápidamente: esta idea del método como núcleo de la investigación científica implica que no hay lugar en la verdad para el error. El error no tiene nada de verdadero ni se anuda a ninguna otra causa más que la inadecuación de los sentidos corporales, del cuerpo mismo, pero también de la razón en su aplicación espontánea – inadvertida, no domada por las reglas del método – para la consecución de la verdad. La verdad es el paraíso del cual el error está exiliado. El modo privilegiado de acceso a la naturaleza, a partir de aquí, será el número y sus combinaciones. El hombre, por lo tanto, en la medida en que desea aplicarse a la ciencia, debe convertirse en un sujeto que calcula. Finalmente, en este sentido, el hombre no necesita ser más que un calculador, un computador. Si la naturaleza es todo aquello que puede ser objeto de un cálculo, como diría Leibniz, calculemus. Queremos resaltar lo siguiente. Lo que nos dice Descartes es que el método, si bien se aplica siempre singularmente, es pasible de ser utilizado por cualquiera. El método, de ejecución individual, es de aplicación universal. Aplicar el método significa restringir todas las posibilidades implicadas en un sujeto para adherir completamente a sus reglas: adherir a las reglas del método equivale a minimizar la incidencia del error. Seguir las reglas es lo que nos permite evitar los errores que cargamos en nuestra naturaleza por ser hombres de carne y hueso. Al seguir las reglas, nos convertimos en hombres del método, pero ya despojados de nuestras características individuales. Ahora bien, ¿quién ese este sujeto del método, por ejemplo que soy yo, pero que soy yo sin permitirme ser quien soy espontáneamente? Soy un sujeto que calcula, que aplica el método, pero que, en lo esencial, es igual a cualquier otro que lo aplique del mismo modo. Si se aplica el método, como lo plantea Descartes, es para excluir lo que en el sujeto puede llevar al error. Se sustituye entonces un sujeto determinado por sus singularidades por un sujeto determinado por el método, un sujeto universal, si es que hay algo por el estilo. El sujeto de la ciencia es una instancia vacía donde se opera un cálculo – del mismo modo en que el punto de fuga de un cuadro, punto carente de representación en el cuadro, se inscribe en él como eje del ordenamiento representativo. Por la vía negativa, lo que Descartes establece es la idea de un sujeto vaciado de determinaciones singulares, un sujeto que cuenta en la medida de que en él no se reconoce trazas de singularidad. Por la vía positiva, se trata de un sujeto que ordena activamente el aspecto formal de su experiencia. Tal como manifestábamos más arriba mediante los ejemplos del plano y la ecuación, el sujeto lleva adelante una síntesis de la experiencia por la cual esa experiencia se ordena y se manifiesta ordenadamente y acorde con las imposiciones formales del sujeto, que no son otra cosa más que las ideas innatas de la mente. El sujeto es esa instancia en torno de la cual se ordena el conocimiento pero bajo la condición de que él, eje ineliminable de esa ordenación, no interfiera en el ordenamiento de la representación. Así como propusimos el marco del plano y el signo de igualdad como manifestaciones de la presencia del sujeto, esta indagación puede llevarse más lejos si dirigimos nuestra atención a ciertas formas de la subjetividad que rondan en torno a la ausencia: la existencia del cero y del punto de fuga, entre otras. (Le Gaufey, 2012) Si nos parecía que Descartes consolidaba al sujeto en una suerte de ascesis previa, preparatoria – ascesis entendida incluso en el sentido místico – comprendemos ahora que era a los fines de situar con más rigor la naturaleza de una tal síntesis; síntesis que ulteriormente Kant definirá como la operación esencial de la apercepción transcendental y como condición primera de posibilidad de la experiencia y los objetos: a una consciencia una le corresponde un objeto uno y una experiencia una (Kant, 2009, p. 173). Síntesis y escisión en Freud Freud recibe la tradición sintética del sujeto a través de sus maestros Janet y Breuer – quienes pensaban las perturbaciones psicológicas como fallos de la síntesis de la consciencia – pero forja rápidamente una explicación alternativa para esa falla y sus efectos. La síntesis, ahora patrimonio de la consciencia y del yo, consiste en la función de agrupar las representaciones de la mente en un ensamble ordenado: el nombre de ese concierto será, entre otros, el de libre comercio asociativo. Esta libertad comercial entre las representaciones estriba en que, en función de esa síntesis, dirigida por una idea directriz precisa, impera entre ellas una homogeneidad pertinente a su mutuo intercambio. Sin embargo, a pesar de que Freud lo califique de nuestro sujeto más propio (Freud, 1933, p. 54), es claro que ni el yo ni la consciencia gozan de protagonismo o privilegio en su obra. Ya desde sus primeros trabajos sobre “Las neuropsicosis de defensa” comienza a imponerse esta idea de una división interna al psiquismo bajo el mote de grupos psíquicos separados (Freud, 1894, p. 51). En virtud de cierta irreconciliabilidad de las representaciones sexuales, la consciencia no logra operar esa síntesis; se produce concomitantemente una escisión en su seno, donde esas representaciones inconciliables quedan excluidas de ella pero conservan una efectividad patógena. Estos grupos psíquicos separados son los verdaderos antecesores del concepto de inconsciente. Si este concepto es fecundo, lo es esencialmente porque, a pesar de consistir en un saber al cual el sujeto de la consciencia no accede, no deja de producir efectos registrables. El inconsciente freudiano es una hipótesis establecida a los fines de explicar padecimientos y síntomas que de lo contrario no tendrían ninguna causa asignable en el plano de la materia, al modo de la etiología médica. Lo importante es comprender que la separación y la escisión de estos grupos separados, o mejor dicho, la escisión que consiste en la existencia de grupos psíquicos separados, implica un menoscabo a los poderes de la consciencia y por extensión a todas las variantes del pensamiento que apuntalen allí el edificio de su saber. Vemos a Freud señalar a cada tramo de su elaboración el resto de esa operación fallida de síntesis. Si agregamos que el sujeto luego se relaciona íntimamente con ese resto, ya estamos a un paso del sujeto dividido de Lacan. Hacia el final de su obra, cierre inconcluso de un arco vigoroso, Freud vuelve a retomar este lenguaje. Es así que en sus últimas “Conferencias de introducción al psicoanálisis”, en su “Esquema del psicoanálisis” y en “La escisión del yo en el proceso defensivo” aparecen otros términos para designar esa división del sujeto, como por ejemplo la escisión (Spaltung) (Freud, 1940, p. 272), la desgarradura (Einriss) (Freud, 1940, p. 271 o la descomposición (Zerlegung) (Freud, 1933, p.53). En su artículo sobre la escisión del yo Freud nos da una de sus últimas visiones sobre el psiquismo. Esta escisión del yo, EDITORIAL SCIENS // 11

término que ya figuraba en el trabajo sobre las neuropsicosis, no es una escisión cualquiera, ni los términos que la componen – que consolidan un Kern einer Ichspaltung – son arbitrarios. Recordemos que Freud ya había hablado del Kern unseres Wesens en su “Esquema del psicoanálisis”. Con ese sintagma se refería a la instancia del ello, mientras que con aquella idea del núcleo de una escisión se refería más bien al conflicto entre las pulsiones del ello y las exigencias de la realidad objetiva. En todo caso, si Freud ubica en el núcleo de nuestro ser el reservorio de las pulsiones, podemos afirmar que el asunto que atañe al psicoanálisis y al sujeto que de él se deduce es su relación con las pulsiones. Recordemos que Freud las define en su texto princeps como una fuerza que incide constantemente en el sujeto. En efecto, Freud nos dice claramente – por ejemplo en sus textos sobre “El esclarecimiento sexual del niño” o “Sobre las teorías sexuales infantiles” – que el niño no solamente experimenta un placer en su cuerpo sino que se ve llevado a interpretarlo mediante diversas teorías. Teorizar, por lo tanto, es una exigencia pulsional para el niño, no porque exista una pulsión de saber sino porque la pulsión lo mueve a saber. Pero Freud señala que todas esas teorías son falsas salvo por un elemento: que todas conducen al elemento pulsional, es decir, al origen corporal del goce. El niño, por lo tanto, es un teórico aún antes de dedicarse a la ciencia, pero no es un teórico desinteresado, purificado, ascético. Es un teórico arrinconado por un goce que pone a prueba su saber. Sin ir más lejos, ¿cómo entender ese primado del falo con que el niño ordena su realidad, sin considerarlo como su nombre lo indica, como una exigencia lógica? Pero para ir al asunto de nuestra comunicación, digámoslo de este modo: el primado del falo es una suerte de principio de síntesis fallido, por el cual todos los seres vivos poseen un miembro viril. El niño espera en cierto lugar algo que no aparece. Lo que se ausenta de su lugar es uno de los nombres que Lacan otorga a lo real. Por esta razón nos dice en su seminario sobre la angustia que el enunciado universal condena a lo real a toparse necesariamente con lo imposible. (Lacan, 1962, p. 90) Lo que viene a decir Freud es que el niño puede producir enunciados de extensión universal para interpretar la realidad, pero lo que importa esencialmente es que esa teoría, surgida del goce corporal, incide a su vez sobre él. De otra manera no se comprendería por qué la percepción de la diferencia corporal, redoblada en la amenaza de castración, incidiría no solo en la rección universal del falo sino también en el goce al que está adherida. Miembro, narcisismo y teoría sexual (= primado del falo) se imbrican así inexorablemente: la caída de uno de ellos trastoca todo el edificio conjunto, y habilita a Lacan a señalar concomitantemente que en lo que atañe a la empresa del saber, ese objeto que cae bajo la tarea del conocimiento no puede ser otro más que aquel que le devuelve al sujeto la imagen de su propia transparencia en el acto de pensar, el objeto del estadio del espejo. (Lacan, 1962, p. 71) Es que, precisamente, el objeto viene a ocupar su posición sobre la grieta que se abre para el sujeto entre la espontaneidad de la interpretación de su inconsciente y las percepciones de la realidad que la desmienten. Vemos entonces que los objetos, incluso los objetos del conocimiento, no valen tan solo como fuente de conocimiento para el sujeto sino por la función que cumplen en el marco de la estructura psíquica, función que Lacan indicará como de sostén, precisamente, en el punto de desfallecimiento subjetivo. Y es precisamente para dar cuenta de este fenómeno que Freud vuelve a traer a la palestra la noción de una escisión psíquica. Hemos visto que ya desde el comienzo de su obra la sexualidad es para Freud el punto de capitulación del yo, como si la sexualidad fuese un elemento rebelde a la síntesis, a la homogeneización que exige el mundo de la representación. Para el sujeto escindido del psicoanálisis la cuestión estriba en que su saber no alcanza para dar cuenta cabal de su pulsión. La pulsión es para él el origen del saber y la imposibilidad del saber – de allí la sororidad con que Lacan ilustra la relación entre verdad y goce en su seminario sobre “El reverso del psicoanálisis”. (Lacan, 1969, p. 57) Freud concede de buen grado que la síntesis sea un patrimonio del sujeto de la consciencia. Pero se ocupa de señalar que si esa síntesis es fallida es porque el yo mismo está escindido y no logra acceder a una síntesis total de sus representaciones. De allí que la noción de resto sea tan fecunda, que el resto sea precisamente el índice de esa función fallida de la síntesis psíquica. Conclusiones ¿Por qué interesa al psicoanálisis el problema del sujeto? ¿Alcanza con señalar que el psicoanálisis no es una teoría del conocimiento? Pero, entonces ¿qué hacer con el sujeto tan tematizado por Lacan? ¿Alcanza con indicar que si se habla de sujeto es para ubicar la lógica del deseo y no de la epistemología? Pero, entonces ¿por qué hablar de sujeto allí donde hay tropiezo, error, angustia? ¿Se agota la referencia a la subjetividad en un simple recurso de Lacan al pensamiento occidental en su interés por localizar con más rigor el lugar del psicoanálisis en el concierto de las ciencias? ¿Se reduce la referencia al sujeto moderno y a su síntesis, a su circunscripción en el campo imaginario? Es cierto que Lacan utiliza el término de sujeto para iluminar la clínica analítica, pero también lo es – cuestión espinosa – que en ese trayecto, y basculando en torno de la noción de sujeto dividido, Lacan se las arregla para provocar a los dos grandes interlocutores de quienes extrae sus herramientas heurísticas: hablar de un sujeto dividido atragantaría a cualquier filósofo de la modernidad, y no sería más ligero hablar de sujeto, a secas, en el marco de un retorno a Freud a partir del estructuralismo. Sea como fuere, la etimología indica aquí el camino más adecuado: es que el sujeto del psicoanálisis está verdaderamente sujetado por su deuda constitucional con el lenguaje, y es de aquí de donde se extrae la ética propia del psicoanálisis, la que conduce a un bien decir, o al menos a un decir menos tonto. Referencias bibliográficas Cassirer, Ernst. (1906). El problema del conocimiento, 1. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. Descartes, René. (1641). Meditationes de prima philosophia. Paris: Librairie Philosophique I. Vrin. Freud, Sigmund. (1894). Las neuropsicosis de defensa. En Obras Completas, tomo 3. Buenos Aires: Amorrortu editores. Freud, Sigmund. (1933). Conferencia 31. La descomposición de la personalidad psíquica. En Obras Completas, tomo 22. Buenos Aires: Amorrortu editores. Freud, Sigmund. (1940). Esquema del psicoanálisis. En Obras Completas, tomo 23. Buenos Aires: Amorrortu editores. Freud, Sigmund. (1940). La escisión del yo en el proceso defensivo. En Obras Completas, tomo 23. Buenos Aires: Amorrortu editores. Kant, Immanuel. (2009). Crítica de la razón pura. Buenos Aires: Colihue. Le Gaufey, Guy. (2012). L'objet a. Approches de l'invention de Lacan. Paris: EPEL. Lacan, Jacques. (1962). El seminario. Libro 10. La angustia. Buenos Aires: Paidós. Lacan, Jacques. (1969). El seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. 12 // EDITORIAL SCIENS

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Gerontopsiquiatría - Trastornos de ansiedad
Imágenes de la Psiquiatría Latinoamericana
Volumen I - Esquizofrenia y otras psicosis
Volumen II-2 - Trastornos depresivos II - 9/2010
Volumen II - Trastornos depresivos I - 7/2010
Volumen III - T. del ánimo: Bipoladirar 5/2011
Volumen IV - Demencias - 9/2011
Volumen V - Adicciones - 4/2012
Volumen VI - Trastornos de ansiedad - 11/2012
Volumen VII - Adultos mayores - Agosto 2013
Tratado de actualización en Psiquiatría - Fascículo 1
Tratado de actualización en Psiquiatría - Fascículo 2
Tratado de actualización en Psiquiatría - Fascículo 3
Tratado de actualización en Psiquiatría - Fascículo 4
Tratado de actualización en Psiquiatría - Fascículo 5
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 6
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 7
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 8
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 9
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 10
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 11
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 12
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 13
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Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 16
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 17
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 19
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 20
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 21
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 22
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 23
Tratado de Actualización en Psiquiartía - Fascículo 24
Tratado de Actualización en Psiquiatría - Fascículo 25
46 - V R Rohwain - Julio 2019
45 - E Zaidel - Mayo 2019
45 - E Yarri - Mayo 2019
44 - E Zaidel - Marzo 2019
44 - P Forcada - Marzo 2019
43 - E Zaidel - Septiembre 2018
43 - A Sigal - Septiembre 2018
Neuro & cardio 1 - P Forcada - Julio 2018
Neuro & cardio - A Vicario - Julio 2018
42 - JP Costabel - Junio 2018
42 - E Zaidel y col. - Junio 2018
41 - EJ Zaidel - Abril 2018
41 - E Sagray y col. - Abril 2018
40 - LM Pupi - Noviembre 2017
40 - E Zaidel - Noviembre 2017
39 - AM Cafferata y col. - Octubre de 2017
39 - GD Elikir - Octubre de 2017
38 - E Zaidel - Junio 2017
38 - I Recabarren - Junio 2017
38 - L Allegro - Julio 2017
37 - P Forcada - Marzo 2017
37 - EM Ylarri - Marzo 2017
36 - Ezequiel Zaidel - Noviembre de 2016
36 - D Aimone, E Esteban - Noviembre de 2016
35 - Pedro Forcada - Septiembre de 2016
35 - EM Ylarri - Septiembre de 2016
34 - EJ Zaidel - Junio de 2016
34 - PS Lipszyc - Junio de 2016
33 - PS Lipszyc - Abril de 2016
33 - EM Ylarri - Abril de 2016
37 - Derito - Julio 2019
36 - MNC Derito - Junio 2019
Psiquiatria 35 - 2
Psiquiatría 35 - 1
Psiquiatría 34 - 2
Psiquiatría 34 1
Psiquiatría 33 - 1
Psiquiatría 33 - 2
Psiquiatría 33 - 3
32 - GJ Hönig - Diciembre 2015
32 - I Díaz Azar y col - Diciembre 2015
32 - MNC Derito Diciembre 2015
32 - F Allegro - Diciembre 2015
31 - MNC Derito - Septiembre 2015
31 - F Rebok - Septiembre 2015
31 - F Allegro - Septiembre 2015
30 - RE Cortese - Junio 2015
30 - MNC Derito - Junio 2015
29 - RE Cortese - Abril 2015
29 - F Rebok - Abril 2015
29 - MNC Derito - Abril 2015
29 - F Allegro - Abril 2015
28 - MF Mutti - Noviembre 2014
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27 - JC Fantin - Septiembre 2014
27 - JP Marino - Septiembre 2014
27 - F Allegro - Septiembre 2019
25 - AB Kabanchik - Mayo 2014
25 - Alicia Guerra - Mayo 2014
25 - G Zarebski - Mayo 2014
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Resistencia antimicrobiana - Julio 2019
Ansiedad en niños y adolescentes - Junio 2019
Teoría de la mente. Neurobiología - D Coehn
Neurociencias y Cardiología - P Forcada
Microbita, estrés y depresión en la vejez - A Kabanchik
Mecanismos moleculares que unen dolor y trastornos psiquiátricos - A Serra
Encrucijada psicofarmacológica con los antipsicóticos - D Fadel

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