16 - A Carli, B Kennel - Mayo de 2012

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Metodología de la investigación. ¿De qué hablamos cuando hablamos de un objeto de estudio?

16 - A Carli, B Kennel - Mayo de

Metodología de la investigación ¿De qué hablamos cuando hablamos de un objeto de estudio? Prof. Dr. Alberto Carli Profesor Consulto Adjunto. Dr. en Medicina. Magister Scientiae. Cátedra de Metodología de la Investigación y Área de Epistemología en Ciencias de la Salud. Departamento de Humanidades Médicas, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires. Secretario de Ciencia (Universidad Nacional de Luján). Prof. Lic. Esp. Beatriz Kennel Prof. de Ens. Lic. En Psicología. Espec. en Psicología c/o en Doc. Invest.. Docente Adscripta. JTP- Cátedra de Metodología de la Investigación y Área de Epistemología en Ciencias de la Salud. Departamento de Humanidades Médicas, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires. La Ontología es la disciplina que se ocupa de “lo que hay en el mundo”, esto es de lo que existe. De todo lo que existe. De los entes. Esta sola afirmación nos conmociona ante el número y la diversidad de las cosas involucradas en la idea de su totalización. Este tema, el de la Cosa y su inaccesibilidad, ha sido motivo de preocupación de filósofos de todos los tiempos, desde Platón (427-347 aC.) hasta Heidegger (1889-1976). El mismo lenguaje resalta su condición misteriosa cuando nos encontramos con una perlita etimológica: la letra con que se simboliza la incógnita matemática es la “X”, la letra “chi” (ji) que en lengua árabe significa “cosa”. Esta inaccesibilidad de lo óntico hace que nos apoderemos de manera imaginaria de las cosas del mundo y las nombremos. La semiótica ha desarrollado una terminología que da cuenta de lo que decimos. La cosa es el referente inaccesible al que le imaginamos un significado para que, finalmente, lo simbolicemos con un significante. Cuando un humano está por primera vez frente a un perro (referente), le adjudica el significante “perro” con el que lo nombra y así, cada vez que lo pronuncie remitirá al significado original. Esta es una de las funciones importantes del lenguaje: hablar de la cosa en ausencia de la cosa. Cuando decimos “perro” no es necesario tenerlo frente a nosotros, el significante tiene un significado que nos remite a la cosa “perro”. Este breve recuerdo nos servirá para entender los movimientos mentales que debemos realizar para conocer el mundo. En la vida cotidiana al objeto “real”, inaccesible, lo transformamos en un objeto de la realidad, de nuestra realidad cultural. Un segundo movimiento lo llevamos a cabo cuando, científicos, decidimos construir un “objeto de estudio”. Más arriba explicamos sintéticamente cómo obra el pasaje desde lo real al terreno de la realidad. Este artículo intentará contestar la pregunta del título. El hombre común tiene conocimientos con los que vive haciendo uso del primero de los movimientos. El científico o el profesional portan conocimientos con los que es capaz de modificar, en mayor o menor medida, el mundo. Su pensamiento es una herramienta. Pero su pensamiento nunca es ingenuo, siempre está teñido de teoría. Aquí nuevamente recurriremos a la etimología: teoría en griego significa contemplación, con lo que se evidencia que la mirada con la que el científico accede al mundo, estará teñida por la teoría o las teorías con las que cuente. En un artículo anterior (*) explicitamos las razones lógicas que priman en la enunciación de las hipótesis y que nos servirán para una correcta identificación del objeto de nuestro interés. Aquél del cual queremos hablar, eso que queremos conocer. Para hacer una construcción hace falta, por un lado, el material y, por el otro, las herramientas. Ambos relacionados de una adecuada manera funcional. Si tenemos que extraer un clavo utilizaremos una tenaza, si deseáramos que ese clavo estuviera más firme, un martillo. El material con el que se construye un objeto de estudio son sus cualidades, que en ciencia se denominan variables, porque varían. De la misma manera en que si preguntáramos a alguien cómo es su novia recibiríamos la enumeración de una serie de cualidades con las que, el que nos contesta, entiende que tendremos una idea más o menos cercana a lo que su novia es. Esta enumeración estará sometida a la subjetividad de quien nos brinde la información, seleccionando variables según le parezca, realizando valoraciones no siempre de acuerdo a lo que el común de la gente podría hacer. Como vemos, estaríamos frente a la posibilidad de que el objeto que nos han cons- *. Hechos, problemas e hipótesis. Carli A.; Kennel B. Farmacología Cardiovascular, Año 7, N°15 , marzo 2012. 20 | Editorial Sciens

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