20 - A Carli, B Kennel - Marzo de 2013

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Metodología de la investigación. Sujeto y objeto en la investigación científica (Primera parte)

20 - A Carli, B Kennel - Marzo de

Metodología de la investigación Sujeto y objeto en la investigación científica (Primera parte) Dr. Alberto Carli Prof. Consulto Adjunto, Cátedra de Metodología de la Investigación, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires (UBA). Médico. Doctor en Medicina. Magister Scientiae en Metodología de la Investigación. Dra. Beatriz Kennel Prof. de Enseñanza, Docente Adscripta, Cátedra de Metodología de la Investigación, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires (UBA). Psicóloga. Espec. en Psicología c/o Docencia e Investigación, Dra. por la UBA. En un número anterior nos referimos al objeto de estudio en las Ciencias de la Salud. En éste, nos interesa hacer algunas puntualizaciones acerca de la particulares relaciones que se establecieron a través de la historia entre lo pensado y el pensante, esto es entre el objeto de interés cognitivo y el investigador. Cuando Descartes estableció su res cogitans (el sujeto, la cosa pensante) dirigiendo su interés sobre la res extensa (la cosa pensada) abrió las puertas de la Modernidad. Con sus ideas estableció la existencia de la subjetividad. Foucault ha llegado a decir que “Antes del siglo XVIII el hombre no existía”. El pensador francés centró su atención en el objeto. Todo lo que se podía hacer en su presencia era dedicarle la mejor de las atenciones y pensarlo. La razón era la herramienta con la que se podía acceder al conocimiento. Recordemos al lector que la aparición del Sujeto se dio en un escenario caracterizado por un sistema económico de tipo feudal y una estructura política armada en base al vasallaje, todo ello legitimado por la Iglesia Católica. Como bien se imaginará esto dio lugar a una tensión, todavía no superada, entre Estado y Sujeto. De esta tensión, que no analizaremos por exceder la intencionalidad de este artículo, se ocuparon diferentes autores. Como era lógico, las ideas de Descartes, que se difundieron por toda Europa, despertaron enormes resistencias, particularmente por parte de los jesuitas. Blas Pascal no creía en la razón y entendía que el mundo propiamente humano, lo moral, lo social y lo religioso estaba fuera de sus límites. Otro destacado filósofo, Spinoza, puso un límite al ideario cartesiano: negando la libertad humana, llegando a plantear que el hombre se cree libre porque tiene conciencia de su voluntad pero ignora qué lo determina. Otro filósofo que se opuso fue Juan Bautista Vico quien también polemizó con Descartes. Éste había pretendido que se podía reducir todo conocimiento a la evidencia racional. Vico vino a decir que esta afirmación era quimérica: que hay certezas humanas que no pueden evidenciarse ni demostrarse, sólo están fundadas en lo verosímil. A la razón cartesiana Vico oponía el ingenio, la capacidad de descubrir lo nuevo y a la crítica le oponía la tópica, arte que disciplina y dirige el procedimiento inventivo del ingenio. Otra corriente que se opuso al pensamiento de Descartes es el conocido como Empirismo del cual John Locke (1632- 1704) fue un representante destacado. Se ha pretendido que dicha corriente asume la renuncia a la metafísica lo que no es cierto, solamente se trata de no ir más allá de las posibilidades humanas. Entiende la experiencia como la manera en que nos hacemos de las ideas, las que no son el producto de la espontaneidad creadora de los hombres sino de la influencia que ejerce la realidad. Más arriba vimos que Locke al limitar las posibilidades del conocimiento a la experiencia no la descalificaba sino que la reconocía dentro de ciertos límites. Estos fueron llevados al extremo por un filósofo escocés, David Hume (1711-1776) que así derivó del empirismo a una conclusión escéptica: el empirismo no podía fundar la plena validez del conocimiento. Quiso ser “el filósofo de la naturaleza humana” y pensaba que sentimiento e instinto eran más importantes que la razón y que aquellas verdades que se consideraban objetivas no lo eran y dictadas al hombre por el instinto y el hábito. Coincidía con Berkeley negando la existencia de las ideas abstractas y recurrió a un principio del que se sirvió ampliamente en su análisis: el hábito. Locke y Berkeley, en su empirismo, habían recurrido como fuente de todo conocimiento a Dios. Hume abordaba la realidad con el único auxilio de las impresiones que ella le imprime y las ideas con que las relaciona. Así era inevitable su escepticismo. El camino de las certezas los encuentra sólo en el campo de las ideas (geometría, matemáticas) en las cuales las operaciones no aspiran a ninguna realidad efectiva, sólo dependientes de operaciones mentales. En el mundo de la realidad efectiva, las proposiciones que se refieren a los hechos no están fundadas en la conexión de semejanza de las ideas, por lo que lo contrario de un hecho siempre es posible. El conocimiento basado en la experiencia sólo puede asegurar lo que ocurrió en el pasado, jamás con el futuro. Así, las seguridades con que vivimos y lo que ocurrirá estará basado en la costumbre, en el hábito, sin ninguna seguridad de que lo que esperamos se verifique. Como vemos, el golpe que Hume le aplicó a la inducción preparó el terreno para que Kant viniera a decir lo suyo. De lo visto hasta aquí podemos decir que el empirismo inglés vino a limitar al mundo del hombre la capacidad de indagación por la razón. A lo largo del siglo XVIII un movimiento, la Ilustración, vino a extender a todos los campos de la experiencia humana esta idea. El Iluminismo estuvo dominado por el espíritu de Isaac Newton (1643-1727), no por el de Descartes. Así funcionó como una magnífica síntesis de experiencia y razón. Con desarrollos en la física en los que se trataba más de describir que de explicar. Por su parte Robert 20 | Editorial Sciens

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