25 - L Allegro - Marzo de 2014

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Ética en cardiología

25 - L Allegro - Marzo de

Prof. Dr. Luis Allegro Presidente de Honor de la Sociedad de Ética en Medicina, AMA. Miembro del Consejo Académico de Ética en Medicina, Academia Nacional de Medicina. Ex Profesor Titular de Psicopatología y Psiquiatría, Universidad de Rosario. Full Member of the International Psychoanalytic Association. Columna de Ética Ética en cardiología Cuando comencé a estudiar medicina, el profesor de anatomía había sufrido un infarto de miocardio. Era un hombre relativamente joven, excelente cirujano y formador de un grupo importante de discípulos aprendices de cirugía. Se le pronosticó una sobrevida de dos años. Cumplido el plazo se le produjo un infarto masivo que lo llevó a la muerte. Felizmente, este cuadro clínico ha cambiado en su pronóstico. En las últimas décadas la cardiología ha experimentado un cambio sumamente importante. Ello se debe a los nuevos abordajes terapéuticos que los avances tecnológicos vienen logrando. Del infarto de miocardio que había sido un problema prácticamente sin solución, la cardiocirugía permite hoy un abordaje terapéutico de excelentes resultados. En cardiología han aparecido métodos invasivos de diagnóstico y tratamiento que implican riesgos para la vida del paciente y que hacen que la relación médico − paciente se haya modificado fundamentalmente. La ética en cardiología El modelo hipocrático de relación médico − paciente se mantuvo hasta aproximadamente mediados del siglo XX. Esta relación se ha caracterizado por un funcionamiento paternalista por parte del médico que tomaba sobre sí toda la responsabilidad de la decisión clínica, sin tener presente la opinión del paciente y de sus familiares. Éste modelo de relación tuvo consecuencias nefastas en muchísimos casos. Muchos pacientes se despertaron de la anestesia quirúrgica con un ano contra natura o con la amputación de un miembro sin haber tenido un conocimiento previo de esa posible eventualidad. La medicina ha sufrido un profundo cambio en las últimas décadas tanto en lo científico, como en lo técnico y en lo ético. Se ha progresado mucho en cuanto a la participación activa del paciente −y de los familiares− que se somete a un tratamiento médico. Se considera que el paciente necesita tener toda la información sobre su patología y su tratamiento, y que además debe decidir sobre este. Se impone que el paciente sea protagonista activo de la cura y de cómo debe ser la actuación del médico en relación a su persona. Esto se está haciendo cada vez más importante en cardiología desde la práctica de tratamientos invasivos como la cirugía cardiovascular. El modelo que viene imponiéndose cada vez más es el que está basado en el consentimiento informado. El concepto se funda en el reconocimiento de que todo paciente requiere: a) ser valorado y estimado como persona; b) que necesita ejercer su autonomía y c) poder pensar con libertad y competencia para decidir sobre su cuerpo, su vida y su futuro. Esto requiere que tanto el profesional médico como el equipo médico acompañante brinde toda la información necesaria para que tanto el paciente como el grupo familiar que está involucrado logren un conocimiento amplio de la problemática médica y del futuro. El consentimiento informado Este es un punto que requiere ser considerado en la medida necesaria para ser comprendido cabalmente y además, sea bien aplicado. Habitualmente lo que se hace en los servicios públicos y prepagos, es presentarle al paciente y a sus familiares, un documento escrito para que lo firmen los interesados. Este es un punto importante para ser bien entendido. Esta práctica suele ser engañosa en el sentido de que el médico puede creer que el paciente ha comprendido cabalmente el contenido del escrito que ha firmado. Y suele ocurrir que no sea así, por varios motivos: 1) que el paciente y sus acompañantes pueden no haberlo leído con el detenimiento necesario; 2) que el nivel intelectual y de conocimientos de los interesados no sean suficientes como para comprender el contenido de lo escrito; o 3) que el apuro del momento, no de tiempo suficiente para lograr una evaluación del mismo. Seguramente se pueden encontrar muchos otros motivos para este desarrollo. Conclusión, que el consentimiento informado efectuado de esta manera no cumple la función necesaria. Para que cumpla con su cometido, el consentimiento informado debe ser abordado como un proceso que ocupa algún tiempo y que sería importante que fuera realizado en momentos diferentes, para que se produzca una elaboración entre cada uno de ellos. Sería muy bueno que fuera abordado como una operación mental, que introduce en el psiquismo de los interesados una serie de conocimientos que siempre están cargados de emociones que oscurecen la captación clara de la situación, de los procedimientos terapéuticos y de los pronósticos correspondientes. 6 | Editorial Sciens

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