29 - A Carli, B Kennel - Marzo de 2015

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Epistemología en Ciencias de la Salud. La simulación como estrategia pedagógica en la enseñanza de la medicina

29 - A Carli, B Kennel - Marzo de

Epistemología en Ciencias de la Salud La simulación como estrategia pedagógica en la enseñanza de la medicina Dr. Alberto Carli Profesor Consulto Adjunto y Director del Centro de Epistemología (Depto. de Humanidades, Facultad de Medicina, UBA). albertojcarli@yahoo.com.ar Dra. Beatriz Kennel Docente Autorizada de Salud Mental y JTP y Docente Adscripta de la Cátedra de Metodología de la Investigación (Depto. de Humanidades, Facultad de Medicina, UBA). Desde que nos convertimos en humanos, o a causa de esta condición, buscamos conocer el mundo en el que estamos. Para ello nos es necesario realizar dos movimientos mentales: transformar los entes “reales” en “objetos de la realidad” y éstos en “objetos del conocimiento”(1). Desde antiguo, diría que desde los presocráticos, hasta el último de los grandes filósofos, Martín Heidegger, los pensadores tuvieron el tema de “la cosa” como motivo de preocupación epistemológica (2). Nos suena familiar la pregunta del filósofo de Friburgo cuando expresa: “por qué hay ente y no, más bien nada”. Así, nuestra condición tiene la particularidad de que, entes entre los entes, somos entes que sabemos que vamos a morir lo que condiciona gran parte de nuestro comportamiento como especie. Por sabernos destinados al deterioro y la muerte es que creamos el arte, la filosofía, la ciencia. El primero destinado a sublimar nuestra vida y su contraparte dialéctica, nuestra muerte. Con la segunda tratamos de prepararnos para morir. Con la tercera intentando acceder a un conocimiento que se muestra cada vez más grande y lejano. Nos encontramos con una dificultad esencial: la imposibilidad de acceder a lo real de esos entes. Entes a los que podemos acceder solo de manera simbólica con esa formidable herramienta de la especie, creada por nosotros y nuestra creadora: la cultura. Por y con la cultura somos capaces de adueñarnos del mundo en que vivimos. Para ello lo simbolizamos. Se entiende por “real” todo lo que existe, se tenga o no conciencia de esa existencia. Y por “realidad” toda construcción simbólica que la cultura realiza con aquello por lo que le es dado interesarse. Sobre el tema se ha ocupado Foucault analizando el célebre dibujo de Magritte frente al cual se preguntaba qué era eso que se exhibía y la respuesta “Una pipa” disparaba la corrección: “No. Es el dibujo de una pipa” (3). La pipa, objeto real, estaba representada simbólicamente por un objeto construido. Con este ejemplo del arte intentamos dar cuenta de las complejas relaciones que se establecen entre lo que existe y cómo se piensa lo que existe. Borges decía que Lugones decía que todas las palabras fueron originalmente metáforas. Un amigo mío atribuía tal afirmación a Octavio Paz pero, como quiera que sea, en nada modifica que al hablar de simulación como estrategia educativa hablemos de las palabras y las metáforas. Es con palabras que los hombres construimos la realidad simbólica de nuestras vidas. Es con metáforas, usando palabras en un sentido diferente al original, con que hablamos para destacar semejanzas. Cuando nos encontramos frente a algo que desconocemos también buscamos parecidos mediante el uso de analogías. Estas tres herramientas del pensamiento humano (palabras, metáforas y analogías) sirven para atenuar la inaccesibilidad de las cosas reales, de aquello que Kant denominaba el noumeno. En algún texto nuestro afirmamos que sin metáfora sería imposible hablar y sin analogía, conocer. De tal manera que, para nosotros, la metáfora sería a la teoría del lenguaje lo que la analogía a la teoría del conocimiento (4). Así presentado el tema deberá quedar claro de qué hablamos cuando hablamos de conocimiento. Como se dijo antes, Kant en el siglo XVII decía que conocer es conocer sobre lo fenomenológico de la Cosa, no la Cosa. Desde la pedagogía es tradicional aceptar que una situación de aprendizaje, del hacer, implica tres tipos de acciones: querer, poder y saber como se ilustra en la figura 1. Como en tantos temas de la cultura se utilizan diferentes términos para hablar de las mismas cosas. Así la figura 2 tratará de ser ilustrativa de lo que queremos decir. En ella es dado observar como la “Cosa” de la filosofía es el “Referente” de la semiología, el “Texto” de la pedagogía y el “Real” de la teoría psicoanalítica. El “sentido” de la filosofía, equiparable a las “actitudes y emociones” de la pedagogía, al “significado” de la semiología y al “imaginario” del psicoanálisis. El “arbitrario” de la filosofía homologable a los “conocimientos y destrezas” de la pedagogía, al “significante” de la semiología y al “simbólico” psicoanalítico. Lo que decimos no es un intento de mostrar la banalidad de generar tantas diferentes nomenclaturas sino mostrar cómo el tema ha tenido y tiene distintos ángulos y abordajes como resultado de las construcciones realizadas para dar coherencia interna a los diferentes cuerpos doctrinarios. Solo intentamos ubicarnos en el tema que hoy nos convoca. Entendida la imposibilidad de acceder a la Cosa, lo Real, al Texto o al Referente el hombre se vio en la necesidad histórica de acceder a alguna forma de conocimiento de los entes de su mundo. Para ello, superando la angustia, tuvo que imaginar un sentido, darle un significado, usando emociones. Creó teorías, conceptos. Y con ellas le fue posible construir una realidad simbólica, arbitraria, creó significantes, generó 20 | Editorial Sciens

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