31 - A Carli - Agosto de 2015

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Epistemología en Ciencias de la Salud El médico y su mirada del mundo

31 - A Carli - Agosto de

Epistemología en Ciencias de la Salud El médico y su mirada del mundo Dr. Alberto Carli Director del Centro de Epistemología en Ciencias de la Salud, Depto. de Humanidades Médicas, Fac. de Medicina (UBA). El hombre vive en permanente tensión entre su en sí y su para sí. Lo que es y lo que cree que es. La lengua francesa, y de esto ha dado cuenta el psicoanálisis lacaniano, marca desde lo simbólico la diferencia con su je y su moi. En nuestra lengua materna tal diferencia no está establecida pero nos parece de utilidad entenderla. Soy “yo” (je) pero, además, “soy (médico, ciudadano, esposo, padre, hijo, etc)” (moi). Ya en el siglo XVII Kant había planteado esta disociación estableciendo diferencias entre el ser y el deber ser. Este deber ser que, disociado del ser, nos impondría las condiciones en que se desenvuelve nuestra vida, con una función - marco de los imperativos categóricos. Marcos en los que no existe un fin determinado, por eso categórico, sino la conformidad de la acción con la ley. El hombre, un ser dotado de sensibilidad y razón sería para Kant un ser moral con capacidad para elegir entre ambas (1). Las acciones humanas se realizan bajo tres condiciones: querer, saber y poder. La primera es la causa primaria de nuestra elección profesional. Saber y poder se darán con la adquisición de habilidades y destrezas en nuestras facultades de medicina. Cuáles pueden ser las razones que lleven a un joven a “querer curar” son del amplio y misterioso destino de las vidas humanas. No obstante, lo cual quisiéramos dejar explicitado esa suerte de malentendido en el que, por años, hemos visto actuar a generaciones de médicos. La primera idea que plantearemos será de orden etimológico. Se pretende que “el médico cura” cuando el origen de la palabra “médico” viene del latín medere que significa “cuidar” (2). Recordamos las caras de nuestros estudiantes de medicina cuando afirmábamos que “nunca habíamos curado a nadie”. Y, a poco que lo pensemos, ¿cuántos diabéticos, hipertensos, coronarios, artríticos etc. ha curado el lector de este artículo? La idea de que los médicos “curamos” sería uno de los componentes favorecedores de la frecuente soberbia de nuestros colegas. Pensarnos como “cuidadores” sería un aporte a la humildad, que no a la modestia, en la comprensión de que la primera es una virtud necesaria y obligatoria de reconocimiento de nuestra miserabilidad, y por lo tanto, ni mejores ni peores que nuestros pacientes. La segunda, innecesaria ya que quien desconozca su propia valía, teniéndola, sería un necio. Y si no la tuviere, insignificante. Saber. ¿Saber qué? Aquí será bueno recordar a Pedro Laín Entralgo cuando decía respecto a las Ciencias de la Salud que: “son el conjunto de los sistemas de saberes teóricos y prácticos que han ido siendo adoptados en la historia para la curación de los seres enfermos o para preservar la salud de los sanos”. Ese conjunto de saberes hace que los médicos nos ocupemos de los más débiles. Pero esa debilidad no es solo del orden de lo biológico. El hombre tiene una mayor complejidad. Es el resultado de miles de años en los que se ha constituido el ser humano tal como hoy lo conocemos, estructurado sobre 20 | Editorial Sciens

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