61 - L Allegro - Abril 2010

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Psicofarmacología 10:61, Abril 2010 é Sección Ética Por el Profesor Doctor Luis Allegro Iatrogenia institucional (Continuación) El guardapolvo blanco En publicaciones anteriores me ocupé del tema iatrogenia institucional, en donde expuse como un factor iatrogénico importante, la “demora” en la atención y la asistencia. Retomo el tema volviendo al ejemplo publicado anteriormente. La demora como iatrogenia institucional Un amigo mío tuvo una hemorragia intestinal el 26 de octubre. Consiguió la consulta con el gastroenterólogo el 6 de noviembre, es decir 12 días después. Se le indicó un estudio endoscópico que fue realizado el 30 de noviembre, es decir 24 días después de la consulta y 28 días después de la hemorragia. El nuevo contacto con el gastroenterólogo fue concretado el 18 de diciembre. Esto significa que entre el episodio de la hemorragia y la consulta con el médico para abordar el tratamiento transcurrió más de un mes y medio. Es mucho tiempo para esperar un tratamiento correspondiente. Una posible solución: el “call center” institucional La institución médica puede organizar un “call center” telefónico tomando como modelo el funcionamiento del servicio de guardia de un hospital. El llamado telefónico puede ser atendido por un teléfono automático que responda: “Marque 1: si usted llama para pedir una “atención de rutina”: o sea, un turno para su médico de control de su tratamiento; o para un estudio, una radiografía, un tratamiento ya indicado, etcétera. Marque 2: si usted llama por una urgencia a un nuevo problema médico.” Si se marca 1, el llamado es atendido por el empleado encargado de la distribución de los turnos de atención, es decir lo que se hace en la actualidad. Si se marca 2, el llamado es atendido por un médico (como si fuera una guardia hospitalaria): quien telefónicamente puede ir indicando los estudios primordiales y, además, ir fijando cuándo y con quién efectuar la asistencia médica. En el caso del ejemplo, en el primer llamado telefónico el médico puede indicar el estudio (endoscopía) con la fecha correspondiente y además fijar el especialista con el día y hora de la consulta. Se ganaría mucho tiempo. De este modo, desde el momento inicial del pedido de asistencia se efectúa una discriminación entre los casos de rutina y los problemas nuevos que requieren atención más urgente. El guardapolvo blanco Susan Harrington Preston (Medical Economics. Oct 19, 1998 v75 n20, p149[2]) dice que el guardapolvo blanco ha sido desde siempre asociado con la figura del médico, especialmente desde una famosa pintura de Norman Rockwell, pero que sólo recién en 1880 los cirujanos empezaron a usarlo como una forma de aplicar métodos de asepsia a su vestimenta. A comienzos del siglo XX el uso del guardapolvo blanco se extendió a todos los practicantes del arte de curar. El Dr. Gustavo R. Bonzón (Resistencia, Chaco, Argentina) en una nota publicada en su blog, refiriéndose a los pro y los contra del guardapolvo, dice que “cuando uno piensa en un médico, automáticamente se presenta en la mente la imagen de un hombre de aspecto respetable, con guardapolvo blanco impecable, corbata elegante y un estetoscopio colgado al cuello”, que “el guardapolvo blanco representa uno de los símbolos más asociados a la profesión médica”… “el color blanco siempre estuvo asociado a la pureza, a la limpieza, a la honestidad, etcétera.” Menciona también que una encuesta determina que llevar corbata hace ir al médico mejor vestido y eso da más confianza al paciente, que "ve entonces un mayor amparo profesional y, sobre todo, una mayor seguridad en la salvaguarda del secreto profesional". No cabe ninguna duda de que el guardapolvo tradicional, tanto como el ahora usado por el cirujano, significan una investidura que tiene viejas raíces en el arte de curar. Y que también, la figura del médico, la prolijidad en su cuidado personal y en su forma de vestir trasuntan una prolijidad en su forma de pensar, en su ética y en cómo ejerce su profesión. Una presencia agradable es también saludable. Sin embargo, es importante saber que en el Reino Unido se prohibieron los guardapolvos de manga larga (no porque fueran blancos, sino por la manga larga), y todos los implementos utilizados por debajo del codo como pulseras, muñequeras, anillos, etcétera, por constituir reservorios de microbios y bacterias. En la misma nota agrega un dato aportado por otro colega, el Dr. Ramón Sánchez Ocaña: el Estafilococo aureus suele ser huésped habitual del reloj de pulsera y que de allí pasa a las manos del médico. Este estudio se efectuó en la Universidad de Sheffield, del Reino Unido. Está claro que la indumentaria del médico (y de todo el equipo de salud) está cuestionada y en vías de discusión. Pero es una cuestión de prolijidad profesional de importancia (como algo “de buena costumbre”) la prolijidad en la apariencia de la persona del médico. Prof. Dr. Luis Allegro Presidente de la Sociedad de Ética en Medicina, AMA. Miembro del Consejo Académico de Ética en Medicina, Academia Nacional de Medicina. Ex Profesor Titular de Psicopatología y Psiquiatría, Universidad de Rosario. Full Member of the International Psychoanalytic Association. EDITORIAL SCIENS // 7

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