63 - Novedades - Agosto 2010

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63 - Novedades - Agosto

n Novedades En busca de la sede la de consciencia Mariano Scolari Desde la afirmación de Descartes que la glándula pineal era la sede de la mente, la consciencia o el alma del ser humano y su ejemplar refutación, el hombre ha intentado dilucidar la estructura anatómica del cerebro que es la responsable de la generación del pensamiento humano y la consciencia. Hoy en día, existe un importante consenso acerca de que la consciencia está asociada a un subconjunto de todas las regiones neuroanatómicas y sus procesos pero no hay consenso sobre cuáles específicamente engloban los eventos y estructuras que constituyen la consciencia. Existen numerosas regiones que no hacen al sistema nervioso incapaz de exhibir formas identificables de consciencia cuando se las inactiva o extirpa. Catalogar estas regiones permitirá definir la porción cerebral mínima que es necesaria para generar expresiones de consciencia. Si bien la falta de médula espinal y cerebelo lleva a déficit sensoriomotor, e incluso cognitivo, no erradica todas las formas de consciencia. Algo similar ocurre cuando se extirpan la amígdala y el hipocampo: aparecen anomalías en el procesamiento afectivo y la memoria, respectivamente, pero siguen observándose formas identificables de consciencia. Esto no implica que las estructuras mencionadas hasta aquí sean incapaces de “generar consciencia” sino que, en principio, un cerebro puede permanecer consciente sin ellas. Estudios en pacientes con split brain (“cerebro dividido”, los pacientes poseen lesiones en el cuerpo calloso y fallas en la comunicación entre los hemisferios cerebrales) sugieren que un cerebro consciente no requiere del hemisferio no dominante ni de las comisuras cerebrales. Tampoco sería primordial el lóbulo prefrontal. De hecho, Merker (2007) ya había desafiado la hipótesis de que la corteza cerebral sería el “órgano de la consciencia” demostrando que si bien la corteza puede elaborar los contenidos de la consciencia no sería la “sede” de ella. Merker, además, sugiere que la consciencia es un fenómeno fundamentalmente mesencefálico y que puede persistir aun cuando grandes porciones cerebrales están ausentes, dañadas o inactivadas. Los investigadores se concentraron en el sistema visual para determinar la base neural de la consciencia. Sin embargo resulta un neuroanatómicamente muy vasta y poco primitiva como para realizar una aproximación reduccionista. El olfato sería más apropiado para tales fines. Se tiende a hipotetizar que un cerebro consciente requiere interacciones talamocorticales entre la corteza y las neuronas de relevo talámicas, pero esto es inconsistente con el hecho de que nosotros experimentamos de manera consciente aspectos del olfato aun cuando sus aferentes saltean el relevo talámico. Desde luego esto no significa que las demás formas de consciencia no requieran del relevo talámico o que un cerebro consciente que experimenta solo estímulos olfativos no requiere del tálamo. De hecho en estadios postcorticales del procesamiento, el tálamo recibe entradas provenientes de la corteza. El correlato neural de las percepciones olfativas conscientes sugiere que el “olfato consciente” no requiere del bulbo olfatorio. Sin embargo, aun se está a la espera de evidencia definitiva para tal afirmación. Con todo esto podríamos decir que la neuroanatomía mínima para la consciencia tampoco requeriría del relevo talámico ni del bulbo olfatorio. El olfato, hoy, se muestra muy apropiado para la investigación sobre la consciencia debido a las características de su fenomenología: a diferencia de otras modalidades, no ofrece ningún tipo de experiencia subjetiva cuando el sistema esta hipoestimulado (blind smell). Considerando lo expuesto, podes decir que la neuroanatomía mínima para un cerebro consciente no necesitaría en principio de la médula espinal, el cerebelo, el hipocampo, el relevo precortical talámico, las comisuras hemisféricas, el bulbo olfatorio, el hemisferio no dominante (split brain) ni muchas porciones del dominante. Hipotéticamente, la consciencia puede instaurarse en un sistema nervioso mínimo que no involucre a todas estas regiones ni a sus procesos asociados. Esta hipótesis puede refutarse si las áreas restantes no demuestran ser capaces de generar consciencia a la vez que plantea muchos interrogantes, algunos hasta de carácter filosófico: -¿Podría evaluarse esta hipótesis en un individuo en el que estén ausentes, inactivadas o destruidas todas la áreas propuestas? -¿Es válido inactivar o extirpar áreas de manera sistemática al tiempo y decir que estas no son necesarias para la eliminación de todo tipo de consciencia a la vez que se dejan intactas estructuras que, finalmente, tampoco son necesarias para el mismo fin? -¿Al quitar un área “innecesaria”, las formas de consciencia remanentes persisten gracias a la interacción de las áreas restantes? Responder estas preguntas podría llevarnos a la definición de la consciencia, para la cual muchos han dado las suyas sin llegar a cubrir todos los aspectos de su fenomenología. “La consciencia es un tema acerca del cual hay poco consenso, incluso sobre cuál es el problema. […] Todo el mundo tiene una idea aproximada de lo que se quiere decir con la palabra consciencia. Es mejor evitar una definición precisa de consciencia debido a los peligros de una definición prematura que podría ser engañosa, o bien excesivamente reactiva, o ambas cosas.” Fracis Crick (La búsqueda científica del alma, 1990) Minimal neuroanatomy for a conscious brain: Homing in on the networks constituting consciousness. Morsella et al. (2010) Neural Netw; 23 (1): 14-15. 30 // EDITORIAL SCIENS

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