99 - Ética - Agosto 2016

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99 - Ética - Agosto

Prof. Dr. Luis Allegro Presidente de Honor de la Sociedad de Ética en Medicina, AMA. Miembro del Consejo Académico de Ética en Medicina, Academia Nacional de Medicina. Exprofesor Titular de Psicopatología y Psiquiatría, Universidad de Rosario. Full Member of the International Psychoanalytic Association. Sección de ética Iatrogenia institucional Iatrogenia: este término deriva del griego, iatros significa médico y genia, origen. El Diccionario de la Real Academia Española dice que es "toda alteración del estado del paciente producida por el médico". Podemos hablar de iatrogenia institucional cuando es toda una institución la que provoca o agrava una patología. Hay una iatrogenia institucional que se manifiesta en la forma en que las instituciones médicas −especialmente las prepagas y las obras sociales, los hospitales, los sanatorios, etc.− administran la atención de los pacientes. Un problema muy importante que tiene efecto iatrogénico significativo es la demora excesiva en los tiempos cronológicos que transcurren entre las distintas etapas de la atención médica. Es frecuente que concretar una asistencia pueda llevar dos, tres o más semanas. Algunas son logradas después de varios meses del primer llamado telefónico. Un tratamiento o una atención médica es un proceso que se cumple por etapas. Estas pueden ser enumeradas así: 1) El pedido de asistencia que generalmente comienza con el llamado telefónico a la institución prepaga. En el caso de algunas empresas suele convertirse en un calvario porque el único número telefónico destinado a esa función suele estar ocupado durante horas: es una excepción que el teléfono institucional destinado al pedido de turnos no suene ocupado. Esto se agrava cuando la institución no solamente atiende a sus propios abonados sino que además recibe afiliados de otras prepagas, lo cual redunda en que los consultorios suelen estar abarrotados de pacientes y, por lo tanto, los turnos se efectivizan con una demora que puede llegar a ser de varias semanas. 2) La consulta propiamente dicha, o el primer contacto con el médico. Habitualmente nunca se concreta “a la hora señalada”, generalmente hay una demora que puede llegar a la hora y media, a dos horas, o más. Salvo excepciones, lo habitual es que en este primer contacto, el médico ordene los estudios necesarios para el diagnóstico. 3) La etapa de estudios diagnósticos, entre los que se encuentran los análisis biológicos, radiografías, ecografías, electrocardiogramas, etcétera. Cada estudio implica su propio turno, el cual se tramita en: 1) un nuevo llamado telefónico con la demora correspondiente; 2) la realización del estudio propiamente dicho; 3) la búsqueda del resultado, que habitualmente debe ser efectuada personalmente por el interesado, y 4) un nuevo turno –con un nuevo pedido telefónico− con el médico que ordenó el estudio y que será el responsable del diagnóstico y del tratamiento ulterior. En algunos casos de mi conocimiento, esta etapa ha llegado a ocupar un lapso de dos meses. 4) El diagnóstico propiamente dicho. Cada uno de estos estudios significa un diagnóstico parcial del proceso que se está investigando: la síntesis de todos ellos que está subordinada al criterio clínico del médico responsable, dará el diagnóstico completo de la patología. 5) La etapa del tratamiento. Por último, se pasa al tratamiento. En esta etapa, estas situaciones pueden ser repetidas: siempre con la característica de la demora en el tiempo. 6) La etapa del seguimiento del paciente posterior a la finalización del tratamiento. Esta etapa es muy importante porque mantiene y prolonga la relación médico-paciente. Permite mantener un buen control sobre la evolución posterior del paciente y permite un abordaje precoz de una posible recidiva y la prevención y profilaxis de la aparición de nuevas patologías. Esto se hace más necesario en pacientes de edad madura o avanzada. La demora como iatrogenia institucional Veamos un ejemplo. Un amigo mío tuvo una hemorragia intestinal el 26 de octubre. Consiguió la consulta con el gastroenterólogo el 6 de noviembre, es decir 12 días después. Se le indicó un estudio endoscópico que fue realizado el 30 de noviembre, 24 días después de la consulta y 28 días después de la hemorragia. El nuevo contacto con el gastroenterólogo fue concretado el 18 de diciembre. Esto significa que entre el episodio de la hemorragia y la consulta con el médico para abordar el tratamiento transcurrió más de un mes y medio. Es mucho tiempo para esperar un tratamiento correspondiente. Es obvio que las demoras inciden en el desarrollo del proceso patológico: la patología no es la misma dos meses antes que después. Este es un problema interesante porque si se lo investiga adecuadamente, puede llegar a conceptuarse como un factor etiológico que se agrega e incide en la evolución propia de la patología principal, otorgándole una fisonomía particular al cuadro que afecta al paciente. Esta demora, si es abordada como factor etiológico que distorsiona el cuadro principal puede ser tratada también y solventada en forma favorable. Un abordaje ético de esta problemática impone un estudio de ingeniería sanitaria institucional que permita encontrar formas de administrar y economizar los tiempos, adecuando los medios y funcionamientos institucionales en una forma más útil y provechosa. EDITORIAL SCIENS // 5

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