Neuro & cardio - A Vicario - Julio 2018

El continuum vascular y cognitivo - Dr. Augusto Vicario

Neuro & cardio - A Vicario - Julio

Dr. Augusto Vicario Dr. Augusto Vicario El continuum vascular y cognitivo Conceptos actuales sobre neuroprotección en la hipertensión arterial La palabra latina continuum refiere a una “serie o cantidad de cosas juntas como un todo, pero sin divisiones notables en sus partes”. En 1991, en un artículo publicado en la revista American Heart Journal, Eugene Branwald y Victor Dzau introducen el término para explicar el comportamiento de la enfermedad cardiovascular en el tiempo. Una serie de sucesos concatenados que comenzando con la presencia de los factores de riesgo vasculares concluían en el estadio final de la enfermedad cardiaca. Lo novedoso del planteo fue que actuando en algunos puntos de la cadena se podía interrumpir o modificar la sucesión de hechos concibiendo nuestra intervención como “cardioprotectora” (1). En la actualidad, este concepto trascendió las fronteras de la enfermedad cardiovascular y su aplicación puede explicar la enfermedad en otros órganos o sistemas tales como el cerebro. Así, el concepto del continuum podría explicar por qué la interacción entre fenómenos vasculares y degenerativos en el cerebro pueden resultar en deterioro cognitivo y/o demencia y, cómo la implementación de algunas estrategias, oportunas y tempranas en el tiempo, pueden modificar el curso de la enfermedad cerebral y cognitiva ampliando el horizonte de la “neuroprotección”. El continuum de la enfermedad vásculo-cerebral El continuum vásculo-cerebral podría iniciarse, al igual que el continuum cardiovascular con los factores de riesgo vasculares, en especial la hipertensión arterial (Figura 1). La hipertensión arterial es la causa más frecuente de daño vascular del cerebro y ha sido reconocida por la Asociación Internacional de Alzheimer como el principal “factor de riesgo vascular modificable” para el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer (2). El sistema vascular del cerebro es vulnerable a la hipertensión dañando tanto los vasos de la subcorteza (enfermedad de pequeños vasos) como aquellos que nutren las regiones corticales del cerebro (aterosclerosis macrovascular). La enfermedad de pequeños vasos, compromete las arterias penetrantes del centro-encéfalo vascular y causa lesiones isquémicas pequeñas y confluentes (leucoaraiosis), infartos lacunares o lesiones micro-hemorrágicas (3). Este daño vascular lesiona también las células gliales (oligodendrocitos) causando desmielinización (lesiones de sustancia blanca) de los haces de fibras que forman la subcorteza, perdiendo así la conectividad subcórtico-cortical. La desconexión o desaferentización de la corteza prefrontal dorsolateral, el circuito afectado en forma característica en la enfermedad vascular del cerebro, da origen a un síndrome cognitivo llamado “disfunción ejecutiva”. La planificación, la abstracción, la memoria de trabajo, la visuo-espacialidad, la atención, la flexibilidad en el pensamiento y la velocidad de procesamiento son algunas de las FE que nos permiten tomar decisiones en todas las actividades de forma diaria. Numerosas investigaciones han demostrado que la progresión en el volumen o “carga” de las lesiones de sustancia blanca mantiene una relación directa con los años de evolución de la enfermedad, la falta de tratamiento o su control durante la trayectoria de la hipertensión arterial (4). La barrera hemato-encefálica forma parte del sistema vascular del cerebro y su daño temprano en el curso de la enfermedad hipertensiva es crucial para entender la fisiopatología del proceso. Esta, es una barrera selectiva que regula el pasaje de sustancias en la interfase sangre-cerebro y resulta de la interacción entre el endotelio y las células que lo circundan (astrocitos, pericitos y neuronas). Por tal motivo, el acoplamiento funcional de tales células ha recibido el nombre de “unidad neurovascular” y es responsable, entre otras, 10 // EDITORIAL SCIENS

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